Filosofía 6
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LA FILOSOFÍA MODERNA: DESCARTES (EL "DESCUBRIMIENTO" DEL SUJETO, EL DUALISMO PENSAMIENTO-MATERIA)

Pintura de Pierre-Louis the Younger Dumesnil (1698 - 1781) que muestra a Descartes explicando algunas ideas de la ciencia a la reina Cristina de Suecia (quien lo había convocado a vivir en su corte).
1. Acercándonos al problema del conocimiento como lo planteó Descartes en los inicios de la modernidad
Les invito a pensar un conjunto de cuestiones que, si bien han atravesado el pensamiento filosófico desde siempre, se plantearon de un modo nuevo en la Modernidad: ¿Cómo conocemos? ¿Cuáles son las fuentes de nuestras ideas? ¿Cómo sabemos que ellas son, o pueden ser, verdaderas? ¿Qué es la verdad?, entre muchas otras cuestiones vinculadas con el conocimiento. Les propongo prestar atención al modo como plantea el asunto, apenas terminado el Renacimiento, René Descartes (1596-1650).
En el Discurso del método resulta interesante analizar el camino que lo lleva desde su propia biografía hasta esa situación aparente de escepticismo absoluto, de desconfianza radical sobre todas sus ideas; como pone en duda primero las ideas que parecen provenir de los sentidos y después aquellas que parecen provenir de la razón. Es interesante, además, reflexionar por qué el famoso cogito, ergo sum ("pienso, por lo tanto sé que existo, que algo soy") es la primera certeza sobre la cual ya no puede dudar. ¿Y qué significa ello?, ¿qué significa pensar y ser "una cosa que piensa"?
2. El "descubrimiento" del sujeto
Podríamos decir que, a partir de este ejercicio y de las conclusiones que comienza a inferir desde ahí, Descartes de algún modo descubre o inventa al sujeto. Ese yo que piensa y que, en tanto piensa, sabe que existe, es una "cosa pensante", dirá Descartes: ha puesto en duda su cuerpo, el mundo, a los otros, su propia biografía incluso. No es entonces la subjetividad personal de alguien, sino una simple x.
Este planteo resulta fundamental en toda la filosofía posterior, incluso en el campo de las ciencia sociales. La filosofía, hasta entonces (a lo largo de dos mil años de historia), había intentado comprender y explicar racionalmente el mundo (desde el cosmos hasta el mundo humano) y todo lo que acontecía en él. En el inicio del mundo moderno, con la conciencia de que parecían falsas gran parte de las teorías filosóficas (que incluían también a la física y la astronomía, por ejemplo) que habían sido tomadas como ciertas durante siglos, Descartes señala que el conocimiento debe volver la mirada sobre sí mismo. La atención se vuelve entonces sobre el sujeto.
Una analogía para pensar la radicalidad de ese planteo. Pensemos en los primeros meses de vida de un ser humano. Todo lo que conocen los bebés, a cada rato, resulta novedoso. Los sentidos y la mirada están puestos sobre un mundo plagado de infinitos detalles y que resulta siempre nuevo; lxs bebés intentan tomarlo, hacer algo con él, conocerlo. Recién transcurridos unos cuantos meses, pueden descubrirse a sí mismxs en la imagen que les devuelve el espejo. Es el inicio de la autoconciencia, del yo, que hasta entonces no había comenzado a construirse. Este inicio es fundamental en la historia de cada ser humano. Pues bien, teniendo presente que es una simple analogía, una revolución de este tenor comenzó a producirse en la filosofía a partir del planteo de Descartes.
3. Por qué el pensamiento de Descartes es fundamental no sólo para la filosofía moderna sino también para el proyecto de la ciencia que llega hasta nuestros días y para el proyecto político europeo (y capitalista) moderno.
Quiero detenerme en tres razones, de las muchas que podríamos pensar.
Primera razón: despejar el camino al sujeto del conocimiento.
El proyecto de la ciencia moderna había comenzado aproximadamente un siglo antes, en pleno Renacimiento. Una de las ideas centrales la había planteado un monje astrónomo prusiano, Nicolás Copérnico. Se trataba entonces de una hipótesis: la de que el Tierra no es el centro del universo sino que el Sol lo es (idea conocida con el nombre de Heliocentrismo, "Helios" en griego significaba "Sol"). Hoy nos parece algo casi obvio pero implicó un esfuerzo enorme de imaginación y de razonamiento y, de hecho, es una hipótesis completamente anti intuitiva, contraria a la experiencia que nos ofrecen nuestros sentidos: siempre vemos al Sol salir y ponerse, jamas nos vemos, ni nos sentimos, habitando un continente que se mueve. Esta hipótesis comenzó a ser confirmada luego por observaciones realizadas por Galileo Galilei (inventor, entre otras cosas, del telescopio) e implicó una verdadera revolución para la astronomía y, luego, para la física.
Aquí unas notas y una ilustración del propio Copérnico:

Contrariamente a lo que la ciencia había considerado desde la antigua Grecia y a lo que decían las Sagradas Escrituras, es decir, contrariamente a lo que se había aceptado durante al menos dos mil años, resultaba que no estábamos en el centro del universo ni estábamos en una Tierra quieta, sino que éramos un satélite del Sol y además estábamos en movimiento. ¿Pero qué leyes explicaban el movimiento en órbita al Sol? Nada se sabía de eso al respecto. Había que investigar, había que seguir observando, había que formular nuevas teorías. Y en consecuencia había que correr del camino a la filosofía dependiente de la teología y a la censura que estaban en manos de la Inquisición (ningún libro podía publicarse sin la aprobación de un tribunal censor de la Inquisición). Para que investigue y explique racionalmente todas las cosas que pueblan el universo, había que despejarle el camino entonces al sujeto del conocimiento. Este irá tomando luego la forma de las distintas comunidades científicas (físicxs, químicxs, biólogxs, sociólogxs, etc.) y de las distintas corrientes filosóficas modernas.
Segunda razón: objetivación (o "cosificación") de la naturaleza.
Los hombres de ciencia, los pensadores (hoy diríamos los intelectuales), dejan de poner su mirada en Dios, dejan de buscar un fundamento primero y último de las cosas que se encuentre más allá del mundo físico (esto lo habían hecho no sólo el cristianismo, basándose en la fe, sino también la filosofía griega y medieval). La mirada se pone, en cambio, en el hombre (hoy diríamos, en el ser humano, ¿no?). El ser humano será pensado, a partir de Descartes, precisamente como el sujeto del conocimiento. Esta ilustración de Da Vinci, también un siglo anterior a la obra de Descartes, en la que estudia las proporciones del cuerpo humano, resulta muy clara de aquello que ocupaba el pensamiento de quienes comenzaban a hacer ciencia (tal como hoy en día la entendemos) en esa época.
Descartes, como vimos, muestra que la primera certeza y el fundamento de todo conocimiento es, precisamente, el sujeto que piensa. Este sujeto, racional, consciente de sí mismo (encarnado en quienes comenzaban a hacer ciencia basados en observaciones rigurosas y a filosofar intentando no aceptar ningún supuesto), es el que intenta en esa época explicar y comprender el mundo físico y el mundo humano.
Ahora bien, en este doble movimiento de reconocer que no somos el centro de la creación de Dios y que, al mismo tiempo, somos sujetos que podemos conocer las cosas tal como aparecen a nuestros ojos, el ser humano comienza a tomar distancia de la naturaleza. De algún modo, esta se desacraliza, se vuelve una suerte de "patio de objetos" (la expresión es de un filósofo argentino, Rodolfo Kusch) y se transforma entonces en objeto de conocimiento y, en última instancia también, en objeto de dominio. Ahí estaba la naturaleza, el universo físico a nuestro alcance, pensaban quienes hacían ciencia, para que los expliquemos y nos apropiemos de ellos en función nuestros fines (una aclaración al margen: muy probablemente, no imaginaron nunca los efectos devastadores que el avance de la tecnología comenzó a producir en la naturaleza).
Pues bien, Descartes señalará también que no es lo mismo el pensamiento (propio del sujeto humano) que la extensión (propia de los cuerpos y del mundo físico). Y es el pensamiento el que mueve al cuerpo. Separa entonces todo lo que hay en dos sustancias diferentes: pensamiento y cuerpo. Según Descartes y esos intelectuales bastante irreverentes e inquietos que, de alguna manera, "fundaron" la filosofía y la ciencia modernas, aquello que distingue al ser humano de toda la naturaleza (desde la vida de las plantas y los animales, incluido el propio cuerpo humano, hasta los movimientos de los planetas y las estrellas) es el pensamiento. Todo lo que no es pensamiento lo consideran meramente objetos, cuerpos estáticos o que se mueven mecánicamente: no hay en ellos razonamientos, ideas, imaginación, deseos, ni siquiera sentimientos (volveremos sobre este asunto en el punto 5).
En relación con el ser humano, Descartes señala explícitamente que el pensamiento es la causa de las acciones del cuerpo. Por lo tanto, parecía resultar algo lógico que el ser humano "se apropiara" de la naturaleza y la utilizara en función de sus necesidades y de acuerdo con sus fines. Muchas de esas ideas han comenzado a revisarse y se han modificado, incluso en el campo de las ciencias.
Tercera razón: el encubrimiento de lo otro del sujeto.
Otro gran filósofo argentino, Enrique Dussel, decía que el "ego cogito" (yo pienso) formulado por Descartes alrededor de 1640, había sido precedido más de un siglo antes por el "ego conquiro" (yo conquisto) de España y, en general, de Europa, que se lanzó a la conquista y al saqueo de América y sus riquezas. Esa riqueza es la que permitirá que el capitalismo se desarrolle y se extienda luego a todo el mundo.
Cada vez que los filósofos modernos (el genérico masculino aquí es intencional) piensen en las características, en los rasgos, del sujeto de conocimiento, va a hacerlo con las características formuladas, en parte al menos, Descartes: a) siempre es un individuo (no una comunidad), preferentemente burgués y varón (en este último punto, Descartes no acordaría) que b) piensa de determinada manera, siguiendo métodos propios de la ciencia, que maneje la lecto-escritura y las matemáticas adecuadamente y c) es capaz de relacionarse con la naturaleza como si fuera también un libro que puede ser estudiado (y conquistado) objetivamente, etc. Es decir, llaman "sujeto de conocimiento" a quienes hacen, o pueden hacer, ciencia y filosofa en la Europa de esos siglos. Y toda forma de pensar, de comprender y de relacionarse con el mundo que no sean semejante o parecida a las del "ego cogito" europeo, no será considerada entonces una forma propia de un sujeto de conocimiento. Será negada, entonces, considerada irracional. En el mejor de los casos, señalarán que hay que educar a esos "sujetos irracionales" para que actúen y piensen de modos racionalmente adecuados.
Como decía antes, se da un movimiento doble y complementario: por un lado se construye la idea de sujeto de conocimiento. Por otro lado, como vimos en el punto anterior, la naturaleza comienza a considerarse un mero objeto de conocimiento. Consideran entonces que el sujeto (racional, consciente, responsable de sus acciones, supuestamente libre) puede y tiene todo el derecho de apropiarse de los objetos para sus necesidades y fines.
Lo que sucedió con la conquista de América, según Dussel, fue, por un lado, la efectiva globalización de la Tierra (por primera vez, de hecho, se da la vuelta al mundo). Y por otro lado, un encubrimiento del otro, Europa no lo descubre, lo encubre y lo niega.
4. El asunto de los autómatas
A modo de cierre, me parece interesante detenernos en una historia que se cuenta sobre la vida de Descartes que probablemente no sea cierta pero que nos invita a pensar nuevamente la relación entre la conciencia y el cuerpo. A continuación les copio un link en el que se cuenta muy bien dicha historia y se la relaciona con una película de animé japonesa del año 2004 (muy buena también aunque bastante oscura), Ghost in the Shell 2: Innocence.
https://www.santiagokoval.com/2017/10/28/la-hija-automata-de-descartes/
Sabemos con bastante certeza que Descartes tuvo una hija, Francine, que murió a los 5 años de escarlatina y que la amaba profundamente. Hay muchos elementos que permiten sostener esta historia sobre su hija. La historia de la autómata es, en cambio, simplemente una historia. No porque sea falsa, sino porque no hay ningún dato objetivo, digamos, que la sustente, aunque resulta por demás interesante. Si se pensaba que el cuerpo (como toda la naturaleza) era sólo un conjunto muy complejo de mecanismos, carente de pensamiento y sentimientos (sin conciencia, entonces), podía ser un verdadero desafío el de crear cuerpos como los nuestros, que funcionaran por sí mismos y que aparentaran, entonces, tener vida propia, pero que no fueran humanos en realidad, en la medida en que carecieran de la capacidad de sentir, pensar y ser conscientes.
El cine y la literatura han retomado más de una vez este asunto de la relación entre la conciencia y el cuerpo, no solamente en la peli antes mencionada (en la que, de hecho, se hace referencia explícita a la historia de la "hija" autómata de Descartes). Se planteó más de una vez la pregunta acerca de qué pasaría si a un cuerpo se le "implanta" de alguna forma una conciencia. ¿Podrían realmente esos cuerpos pensar por sí mismos? ¿Podría un autómata llegar a sentir?
Sería interesante, me parece, detenernos a pensar juntxs también este asunto. Como cierre, les dejo el video que vimos el 27/8. En el mismo, se muestra cómo actualmente hay quienes también se dedican a crear autómatas mecánicos, que son perfectas obras de relojería, como obras de arte. A mí, al menos, me sorprendió bastante.
Las reflexiones precedentes no pretenden, de ninguna manera, enjuiciar ni, menos aún, condenar a Descartes, sino tan sólo mostrar cómo ese ejercicio, que quizás pueda parecer rebuscado y abstracto, de reflexiones, llevó a ciertas conclusiones (el sujeto como fundamento del conocimiento del mundo, por ejemplo) que resultaron posteriormente centrales en el plano de la filosofía, en el de la ciencia e incluso en el de la política.
