El concepto de verdad, podríamos decir, encierra ya desde sus comienzos una exclusión. En otros términos, afirma que hay algo verdadero, y que lo que queda fuera de esa verdad es falso.
¿Existe una verdad única o existen verdades según quién las perciba? ¿Una verdad debe cumplir con ciertos requisitos? ¿La verdad es fija o variable? ¿Lo que cambia es la percepción o la realidad? ¿Existe un principio ordenador?
Para responder a estas cuestiones existe la cultura, la ciencia, la justicia, la jerarquía, la educación, la sociedad, la moral, la ética, las costumbres, la familia, las razas, las etnias, los sexos y los géneros.
Todo el conjunto del saber compartimentado, rotulado, pero sobre todo, jerarquizado antropocéntricamente hace de la existencia misma un conjunto de ideas fijas acerca de qué y cómo son las cosas y las personas. Este concepto rígido e invariable, no es lo que conserva la vida en funcionamiento -en constante cambio y adaptación a ese cambio-, sino más bien que busca controlarla.
Mi idea es poder desarrollar en mi ensayo, como las ideas presentadas por los colectivos invisibilizados vienen a irrumpir en esa categoría de verdad binaria, sexista y patriarcal que resulta opresiva y excluyente.