Cómo alineamos la identidad individual con la colectiva.
Agus Pedregal
Filosofía 6to año
2021
Profesor: Javier Freixas
Abstract:
Este texto va a explorar cómo se construyen los sistemas identitarios y qué dificultades presentan a la hora de articular movimientos políticos emancipatorios. Vamos a enfocarnos, principalmente, en el análisis del feminismo y los movimientos antirracistas.
Introducción
La intención de este trabajo es, primero y principal, ser legible y accesible. Haciendo eco de lo dicho por Michel Foucault en su Curso del 7 de Enero de 1976, no busco construir, a partir de un lenguaje rebuscado y academicista, que mis palabras tomen una estética intelectual. Escribiré lo que tenga para decir dejando su validez intelectual en manos de lx lectorx.
Cómo nos definimos y cómo articulamos eso en una colectivización de nuestras realidades oprimidas. Existe una desconexión entre estas dos preguntas que resultan en una falsa representatividad de los movimientos políticos. Este texto va a buscar examinar las respuestas para pensar que involucra saldar esta brecha.
Identidad política vs psicológica
El primer paso en nuestro recorrido será, entonces, identificar cuáles son las formas existentes de conceptualizar la identidad. Observemos, entonces, las conceptualizaciones del género.
La idea de género en contraposición al sexo, como la conocemos hoy, surgió a partir del campo de la psicología. Esto nos da el pie para pensar el primer sentido de la identidad en el habla moderna. Partimos de la autodeterminación, usando este marco teórico, conceptualizamos la identidad como un tenedor libre o un build-a-bear. Nos constituimos como sujetxs a partir de identificarnos con diversas etiquetas, en respuesta a nuestras experiencias, legados históricos o nuestra mera autopercepción. Nos incorporamos a un marco teórico a partir del cual podemos considerarnos una entidad definible.
Estas identidades no son solamente ser de Boca o de River, ver cine francés o Marvel, en palabras de Gilberto “la identidad de un individuo se define principalmente por el conjunto de sus pertenencias sociales”. El sentido en el que enfocamos el ensayo toma a la identidad como un aglutinador colectivo que da pie a la movilización política. Esta concepción parte de definir un sujeto oprimido a partir del cuál se moviliza la organización. Las pertenencias sociales en las que vamos a enfocarnos son aquellas políticamente organizadas.
Aparecen entonces estas dos concepciones opuestas, reminiscentes de la clásica dicotomía cartesiana cuerpo/alma, en orden inverso. La identidad como autodeterminación responde al alma, una entidad indefinible que poseemos a nuestro interior, nuestra subjetividad. Al definir esta dualidad, Descartes escribe “(...) Cuando considero mi espíritu (...) no puedo distinguir en mí partes sino que me entiendo como una cosa sola y entera”. Voy a tratar los dos descriptores por separado.
La noción de identidad existe para dar una respuesta desarrollada a la “cosa sola”, nos permite autoconceptualizarnos como un ente coherente y reducible a un punteo. La parte de “entera” resalta esta división, mientras que la autodeterminación nos lleva a considerar la identidad como una taxonomía aditiva que finaliza con nuestra entidad como sujetxs, frente a fines políticos se suele utilizar como unidades discretas, se es simultáneamente mujer, negra y lesbiana como vectores diferenciados de la opresión. Llegamos a una contraposición en la cual se enfrentan bajo una misma palabra dos conceptos contradictorios. La identidad como reacción frente a una materialidad opresiva o cómo síntesis descriptiva de nuestra subjetividad.
Habiendo establecido esta dicotomía voy ahora a reconfigurarla. En vez de tomar ambas posiciones como polos irreconciliables consideremos el modelo dialéctico. Un par, tesis y síntesis que a partir de su contraposición dan lugar a la formación de la síntesis, donde reside la real identidad.
Nos constituimos como entidades individuales a medida que interactuamos con los sistemas y relaciones de poder en los que estamos inmersxs. A partir de un proceso dialéctico en el cual buscamos modificar nuestras condiciones mientras estas nos modifican a nosotrxs. Como dijo Galeano: “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. Somos nuestra agencia para operar dentro y contra las estructuras que habitamos, con nuestra autoidentificación nos enmarcamos en las condiciones sociales de opresión y tomamos partido. Profundizar y resignificar nuestras etiquetas articula respuestas políticas y nuestro lugar en ellas.
Podemos observar esta dinámica en el proceso de aburguesamiento en la población afronorteamericana, identidad muy ligada a la pobreza y los guetos urbanos. En el artículo aquí citado la autora relata cómo la incorporación al mundo burgués y universitario requiere una recomposición social de los sujetos. Ella plantea dos casos opuestos, de una mujer que se incorporó a este funcionamiento y de un hombre que lo rechazó. A partir de esto podemos observar cómo sus contextos formaron una subjetividad, que lxs llevó a querer cambiar ese contexto y, presentadxs frente al requerimiento de ese contexto de modificar su subjetividad, se posicionaron de maneras opuestas en la relación de poder.
En resumen, tomo las palabras de Gilberto Gimenez, cuando dice “la identidad se predica en sentido propio solamente de sujetos individuales dotados de conciencia, memoria y psicología propias, y sólo por analogía de los actores colectivos”
El rol de la identidad como aglutinador político
Teniendo entonces un una identidad a partir de la cual formar sujetos políticos, nos vemos frente a la necesidad de preguntarnos cuán genuinamente estos sintagmas sociales sirven para articular las experiencias reales de opresión. Para eso tenemos que retomar un hilo que había quedado suelto durante la enunciación previa. Rebobinando unas líneas, señalé que “frente a fines políticos se suele utilizar como unidades discretas, se es simultáneamente mujer, negra y lesbiana como vectores diferenciados de la opresión”. Esta idea ha sido problematizada desde el surgimiento de la organización emancipatoria a partir de aglutinadores identitarios.
En Mayo de 1851, durante la infancia del primer movimiento feminista, la ex esclava Sojourne Truth proclamó frente a la Convención por los Derechos de la Mujer:
“Bueno hijos, cuando hay mucho alboroto es porque algo está pasando. Creo que tanto los negros del Sur como las mujeres del Norte están todos hablando de derechos y a los hombres blancos no les queda más que ceder muy pronto. Pero, ¿De qué se trata lo que estamos hablando aquí? (...) He arado y sembrado, y trabajado en los establos y ningún hombre lo hizo nunca mejor que yo. ¿Acaso no soy una mujer? Puedo trabajar y comer tanto como un hombre, si es que consigo alimento, y puedo aguantar el látigo también. ¿Acaso no soy una mujer? Parí trece hijos y vi como todos fueron vendidos como esclavos, cuando lloré junto a las penas de mi madre nadie, excepto Jesús Cristo, me escuchó ¿Acaso no soy yo una mujer?”
Ella remarca el choque entre su feminidad y estatus racial, dando la pauta de que su intersección no ocurre en forma de adición simple, sino dando lugar a una materialidad única. Su experiencia de la feminidad y por consiguiente del patriarcado se encuentra inextricablemente ligada a su experiencia del racismo y pobreza. En términos prácticos ella estaba denunciando la falsa representatividad de la idea de mujer bajo la cual operaba la convención. Angela Davis provee una perspectiva ampliada, explicitando a la figura de la feminidad de este movimiento como representativa únicamente de una experiencia blanca y burguesa, dejando de lado las necesidades urgentes de las feminidades proletarias y negras.
Vemos entonces cómo el uso simplificado del sintagma mujer se usa para referirse exclusivamente a su sector más alineado a las relaciones de poder. Aparece, también, en la lucha por el matrimonio igualitario, reivindicación centrada en el traspaso de propiedad y por lo tanto un interés principalmente de la fracción propietaria del espectro queer. El término toma entonces como significado una sola de las variantes que tiene esa relación de poder, dejando la responsabilidad de amoldarse a eso a quienes no correspondan. En términos de Yuderkis: “mujeres que no encajan en el término, que no se sienten como tales, pero que tienen que amarrarse a él”. Se aferran a un marco teórico, a una división que no necesariamente refleja su experiencia, delimitando simultáneamente su piso y techo en términos de capacidad emancipatoria. Maria Lugones nos plantea como la integración del sistema europeo de género desarticuló la organización comunitaria en los pueblos originarios.
Las organizaciones hegemónicas y visibilizadas de los movimientos emancipatorios representan los intereses de un sector pequeño de su población, limitando drásticamente su potencial disrupción.
Conclusión
Al combinar los comentarios realizados, llegamos a ver las dificultades de la organización política identitaria, tan prevalente en la actualidad. La autodeterminación como participante de un conjunto obscurece la realidad material de la opresión compartida a la que está asociada, dos personas que se autoperciben negrxs no tienen porqué compartir realidades o intereses materiales, generando disputas a la interna de las organizaciones. Defender la “pureza” de la reivindicación solamente da pie a la exclusión de materialidades oprimidas más complejas. Tomando el título de Angela Davis, debemos entender el género, la raza y clase como ejes mutuamente modificadores que requieren un enfoque holístico.
Bibliografía
La Guardia, J. (2009). Developing Who I Am: A Self-Determination Theory Approach to the Establishment of Healthy Identities. Educational Psychologist, 44(2), 90–104. https://doi.org/10.1080/00461520902832350
Giménez, G. (2005). La Cultura Como Identidad Y La Identidad Como Cultura. Universidad Nacional Autónoma de México. https://perio.unlp.edu.ar/teorias2/textos/articulos/gimenez.pdf
Descartes, R. (1977). Meditaciones Metafísicas. Madrid: Alfaguara.
Galeano, E. (2006). el libro de los abrazos. Buenos Aires: siglo xxi.
Jost, E. (2019, 18 de Noviembre). What Makes an Education. Current Affairs. https://www.currentaffairs.org/2019/11/what-makes-an-education
Sojourne, T (M. Piedrabuena trad.). (2021). ¿Acaso yo no soy una mujer? Sojouner Truth. 2021, noviembre 26, de Mamachama. Recuperado de https://mamachama.com/blog/sin-categoria/acaso-yo-no-soy-una-mujer-sojouner-truth/
Davis, A. Y. (1981). Women, race and class. Vintage Books.
Nair, Y. (2021, 12 de Agosto). Where the Gay Things Are. Current Affairs. https://www.currentaffairs.org/2021/08/where-the-gay-things-are
Espinosa, Y. (2007). ESCRITOS DE UNA LESBIANA OSCURA : reflexiones críticas sobre feminismo y política de identidad en América Latina. en la frontera.
García, M. (2014, Septiembre). Género y Decolonialidad: debates y reflexiones. Universidad Nacional del Comahue. http://www.ceapedi.com.ar/otroslogos/Revistas/0005/12%20Garcia%20Gualda%20entrevista%20%20dic%2021.pdf
Escalante, A. (2018, 25 de Diciembre). How Contrapoints Misunderstands Gender. Medium. Recuperado el 27 de Noviembre, 2021, de https://alyesque.medium.com/how-contrapoints-misunderstands-gender-bd833cc6d8c8
Adjunto el docx por legibilidad y las citas propiamente marcadas. Saludos, Agus.