“SI VES AL FUTURO, DILE QUE NO VENGA.”
22 de Mayo de 1810 y Juan José Castelli el orador de Mayo.
El día, que no fue cualquier día.
El cabildo abierto se celebró el 22 de mayo de 1810. En él se discutió si el virrey debía seguir o no en su cargo y en caso negativo quién lo debería reemplazar. El primero en opinar fue el obispo Benito Lué y Riega, quien sostuvo que Cisneros debía continuar y que, “en caso de que toda España quedase en poder de Francia, los españoles peninsulares debían mandar en América.”
Castelli tomó la palabra para responderle al obispo y basó su argumentación en la doctrina de la retroversión de la soberanía de los pueblos (Es una doctrina jurídica por la que en ausencia de una autoridad soberana es el pueblo el que reasume su soberanía y encarga el poder de gobernar a un organismo designado por el propio pueblo.)
Sin duda la acción de Juan José Castelli, fue brillante, su voz elocuente, logro alinear con sus argumentos el camino al 25 de mayo.
Por su oratoria, Castelli fue conocido como «el Orador de Mayo» por la gran actividad que desarrolló en la semana de Mayo. Las memorias de los testigos y protagonistas de esos días lo mencionaron en multitud de sitios y actividades: negociando con los hombres del Cabildo, en casa de los Rodríguez Peña participando de la planificación de los pasos a seguir por los criollos, en los cuarteles arengando a las milicias, visitando el Fuerte para presionar a Cisneros. El propio Cisneros, al describir los acontecimientos al Consejo de Regencia, llamó a Castelli «el principal interesado en la novedad», es decir, en la revolución.
Se impuso la idea de destituir al virrey, pero como Buenos Aires no tenía autoridad para decidir unilateralmente la nueva forma de gobierno, se elegiría a un gobierno provisorio, en tanto se solicitaban diputados a las demás ciudades para tomar la decisión definitiva.
Tras una hábil maniobra, se forma una junta (la primera, presidida por Cisneros), la que fue rechazada, solo se había cambio el nombre del cargo, de Virrey a Presidente de la Junta de Gobierno.
Castelli y Saavedra renunciaron y la Junta organizada no llegó a gobernar.
Va a sufrir un cáncer de lengua, la que le fue extirpada. Los enemigos alegaron que fue un “castigo divino” por sus discursos.
Castelli falleció el 12 de octubre de 1812. Momentos antes de su deceso pidió papel y lápiz, y escribió:
“Si ves al futuro, dile que no venga.”.
Tuvo un pequeño y modesto entierro en la iglesia de San Ignacio, en la ciudad de Buenos Aires, sin honras oficiales. Desde entonces, sus cenizas yacen bajo el piso de esa iglesia sin una placa o, al menos, un letrero que indique el lugar exacto donde se hallan, que se desconoce..